martes, 20 de diciembre de 2011

Soy el Grinch.


Cuando éramos pequeñas, mis hermanas y yo recibíamos regalos por Navidad. No eran una sorpresa ni los traía Papa Noel. Al igual que algunos otros fin de mes, en diciembre mis padres cargaban con sus hijas, y se dirigían al supermercado más cercano a su trabajo a realizar las compras respectivas. A fin de año eso significaba que podíamos escoger nuestros juguetes.


De aquella época recuerdo mi regalo favorito. Un rombecabezas múltiple formado por cubos pintados, donde cada lado del cubo armaba una figura diferente. Mi imagen favorita, un mar repleto de peces, fondo marino azul y peces de colores, lo armé muchas veces solo para gozar con la visión de los colores. El que busqué menos veces era un gato blanco jugando con un ovillo de lana en fondo naranja, sabía que existía pero a menudo lo evitaba.

En algún momento, ya no quedaban más infantes en casa y perdimos la costumbre de ir de compras antes de Navidad, al menos para escoger regalos. La semana previa se armaba el nacimiento, lo cual cada año fue tornándose una labor demasiado engorrosa para que nadie quisiera comenzarla, y la noche misma disfrutábamos panetón y chocolate, además de la cena. La máxima diversión siempre fue reventar sartas de cohetones en la calle, lo cual hacía mi padre, mientras con mis hermanas y mi madre jugábamos con las "chispitas Mariposa". Se saludaba a los vecinos y luego cada cual a su casa.

Hace unos cinco años a mi madre se le ocurrió que quería un Árbol de Navidad para fiestas. Por supuesto, compramos un árbol, y adornos, y lo armamos. Lo que no habíamos reparado, ni siquiera por las películas de temporada, es que debajo del árbol es donde se colocan los regalos.

Cuando conocí a mis primas, por la misma época, me resultó evidente que la costumbre navideña es comprar regalos e intercambiarlos entre los miembros de la familia. En realidad siempre lo había sabido, pero no era nuestra costumbre y no parecía necesario para hacer mejor nuestra Nochebuena. Algunos niños que se cruzaban en nuestras vidas recibían regalos de nuestra parte. En otras ocasiones fue con los grupos de amigos o en el trabajo, donde se realizaban intercambios de regalos. Sin embargo, en casa fue siempre secundario.

Con el tiempo hemos dado en comprar un presente por fiestas, a veces sí, a veces no. Es una sorpresa. No todos lo hacemos, y no siempre, así que no hay decepciones si no recibimos nada. Lo mejor, lo importante, es nuestra unión familiar.

Este año, las circunstancias me han situado en una situación donde deberé hacer de Grinch, única representante del espíritu anti-navideño, a mucha honra.

Supe, pues corrían voces, que este año se organizaba un intercambio de regalos en el trabajo. Cuántas veces deseé que eso ocurriera, parecía tan divertido. Debe serlo, cuando no existen rencillas tales que me impedirían actuar con libertad y buena voluntad al momento de escoger un regalo, o recibirlo, de alguien a quien me unen las conveniencias sociales y poco o ningún afecto.

Días antes fue enviado el espía usual, a preguntarme si sabía algo al respecto y si pensaba participar. Aunque mi costumbre ante sus anteriores avances es jugar con él mientras no le confieso nada, esta vez opté por el sano camino de decirle que no me habían dicho nada y tampoco estaba interesada. Llegado el día del sorteo enviaron al segundo puesto de avanzada, y su pregunta fue: -Di sí o no -por supuesto dije no, aunque no sabía que se refería al asunto del intercambio. A continuación preguntó si quería participar y nuevamente dije -No.

Mas allá de que estas fechas sean de paz y amor, y que el perdón es una gran cualidad. No me siento capaz de sonreir amablemente con quienes aún he de batallar, pues siento lo que siento y ellos son quienes son.

Quizás algún día sea una mejor persona, pero estas navidades seré El Grinch.


miércoles, 19 de octubre de 2011

Mi misión en la vida.

Hay personas en este mundo que tienen claro cuál es su misión. Al menos, eso me han hecho creer. Además, es del consenso general que cumplir esa misión es lo que le da sentido a nuestras vidas. Lo que nos hacer SER completos y no "ser", a medias. Así, ya desde los primeros años nos vamos forjando un camino por la vida que nos llevará a reconocer nuestra misión. A los primeros estudios siguen otros aprendizajes, y de esa manera hay quienes encuentran en sus propias ocupaciones su objetivo primordial. Me inclino a pensar que no son la mayoría.

Entre las muchas lecturas que tenía a la mano siendo pequeña, leí la historia de Moisés. En esa versión la princesa egipcia tomaba al bebé entre sus brazos, después de ser sacado del río, y lo llamaba Moisés diciéndole que su misión en la vida debía ser grande pues había sido rescatado de una muerte segura. Aquella fue la primera vez que tuve consciencia de que las personas nacemos con una misión, y también la primera vez que pensé en cuál sería la mía.

Recuerdo que aún me encontraba estudiando, muy a mi pesar pues ya había descubierto que en realidad no me gustaba estudiar, cuando hablando con un amigo llegamos a la resignada conclusión de que yo me encontraba entre los miles de personas, quizás millones, que simplemente no sabían qué hacer con su vida. No podía imaginar cuál sería mi misión. Él no tenía ese problema. Él tenía claro que debía trabajar, ascender, conseguir una jefatura antes de llegar a los 30, y que si bien el dinero no hacía la felicidad, bastante y mucho que ayudaba, así que pretendía adquirir todo lo que pudiera para asegurar su bienestar.

Con el tiempo entendí que en ocasiones la misión de una persona se corresponde con su rol en la sociedad. Así, la misión de los padres es criar y sacar adelante a sus hijos, la del maestro guiar nuestros pasos y moldear nuestro intelecto, la del policía proteger a los más débiles y propiciar el orden. Cuando esta misión se realiza de manera que excede su rol, sirve incluso de inspiración para otros.

Por otro lado, conociendo que existen misiones personales más sobresalientes y admiradas, como la de Moisés guiando a su pueblo, y aceptando que la finalidad de encontrarle un significado a su vida consiste en llevar a la persona al máximo de su desarrollo como ser individual, ¿qué ocurre con aquellos que no encuentran fácilmente este iluminado camino? ¿En realidad estamos rodeados de seres incompletos que no le han encontrado un sentido a su vida y por lo tanto no alcanzarán su realización personal? ¿Es acaso que encontrar nuestra misión es solo un mito o una inquietud de la cual nos debemos desembarazar para vivir más tranquilos?

Por mi parte, he cesado en la búsqueda. Estoy consciente que no será en mi actual ocupación donde he de encontrarle un significado “mayor” a mi vida, y seguramente no será guiando un pueblo donde encuentre aquello para lo que vine a nacer. Sin embargo, me resulta simple saber que hay cosas para las que soy bastante buena y que aquello que podía hacer, cuando ha sido el caso, lo he hecho y ha estado bien.

He encontrado también que mi misión no tiene que ser especial, sobresaliente o reconocida. Sabiendo que me resulta bastante difícil tan solo permanecer en este mundo, rodeada de esta realidad que me ahoga, he aceptado como misión el existir saboreando al máximo la experiencia de estar viva. Para alguien como yo; viviendo siempre en las nubes, con la cabeza en la luna, pensando a menudo en la inmortalidad del cangrejo o la interesante vida de las musarañas; no es fácil, tan solo vivir. Así que esa es mi misión, eso es lo que le da sentido a mi existencia: Vivir aquí, ahora, aceptando cada experiencia, procurando aprender cada lección. Tan solo vivir.

jueves, 8 de septiembre de 2011

I am not a Whore

Había llegado temprano al Icpna y resignadamente me dirigí al Kiosko. Aunque las mesas contiguas estaban todas ocupadas, en una de ellas solo se sentaba un antiguo compañero de clases, ingeniero mecánico o algo así, quien alguna vez me dijo tajantemente que si rompía con su pareja él no daba vuelta atrás. De vez en cuando, las prácticas en clases producían respuestas significativas como aquella. Por mi parte, viendo que mis amigas no llegaban y después de comprar un café, me acerqué a su mesa, lo saludé, y me senté en una de las dos sillas vacías que quedaban.

Mientras conversábamos sobre nuestras respectivas clases llegó otro ex compañero, de 16 años y agradable carácter, que se sentó en la silla restante. Marlon, que así se llama el adolescente, venía escuchando música y me preguntó: -Mónica, ¿qué significa "whore"? -. Al escuchar la palabra tuve la sensación de saber qué significaba, pues me parecía haberla escuchado en más de una película, sin embargo no estaba segura.

-¿Whore? -le insistí,
-Sí, W-H-O-R-E... es algo relativo al sexo, creo. -me respondió él.
-Ah! Entonces creo que es "puta", pero no estoy segura. Puede ser "puta" o algo así. Lo busco en google... -le dije, a la vez que sacaba el celular.
-Es una canción de LMFAO que dice "I am not a whore".
-¿Entonces está diciendo que no es un puto? ¡O un cualquiero! ¿Dice que no es un cualquiero? -le respondí riendo, mientras buscaba el significado en google.

Cuando finalmente tuve señal y obtuve la lista de resultados, se lo mostré a Marlon: "A woman that sleeps with everyone but YOU!!!!! SEE: SLUT - A woman that sleeps with everyone."

-"Everyone"... -dijo.
-¿Ya ves?, ¿Eso significa "puta" no?
-Si pues.

Entonces, el ingeniero, al que habíamos estado ignorando durante toda la conversación, no lo soportó más y exclamó: ¡Cómo te gusta decir esa palabra!

-¿Puta?
-Si pues, la repites a cada rato.
-Bueno, es solo una palabra...
-Sí... de paso te desestresas, ¿no? -dijo, con cierto gesto de desaprobación.
-No. ¿Por qué? Es una palabra, con un significado y es todo. -intenté explicarle.

Por circunstancias del destino, mientras él aún evaluaba mis palabras, llegó otro amigo suyo y nuestra conversación se detuvo. Aunque no tuve tiempo de presionar más sus rígidas convicciones, creo que su impresión respecto a mí no debe haber mejorado mucho desde los tiempos en que llevábamos clases. Ya desde entonces, mientras yo era capaz de disparar alegremente cualquier idea desvergonzada, él se ceñía a su estricto código ético-moral y demás traumas.





jueves, 31 de marzo de 2011

Historia para olvidar.


- Podrías salir de aquí y conocerlo en el ascensor - le dijo. Ella no lo creyó posible, pero sonrió. - No esta noche - pensaba. Sin embargo, algo sí había cambiado. Después de todo siempre estaba en movimiento, tarde o temprano tenía que cambiar. La noche estaba fresca afuera, las ramas de los árboles se movían suavemente. Desplegó sus alas, respiró profundo y se dirigió a su hogar.

Había decidido tomar otro camino, abrir una vía enfocando todas sus energías en ese nuevo destino, y aun así le resultaba difícil admitirlo en voz alta. Adoraba su libertad! Tan solo que, últimamente, no era suficiente y eso le había traído problemas. Un pie en este mundo y el resto en las nubes, no estaba siendo bueno para su existencia terrenal. Cada vez era más difícil mimetizarse con las experiencias ajenas, aprovecharlas como propias, absorber esa sensación para su propio beneplácito. Ni aquello que era real ni aquello que era fantasía lograba disolver esa oscuridad que iba expandiéndose dentro suyo y parecía querer envolverla para no dejarla escapar nunca más.

La decisión ya había sido tomada, el pacto fue hecho. El único problema sería encontrar el complemento.

Escondió sus alas, se posó firmemente en este mundo, ocultó su espada y se decidió a confiar. No fue tarea fácil, ni al principio, ni después, pero estaba decidida. Las cosas tendrían que cambiar. Esta vez no fallaría. El destino correspondería favorablemente a su nueva intención.
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Y encontró que su provisión de esperanzas se había agotado, y después de tan largo camino, se sentía cansada. Pensó en regresar, en extender sus alas y... entonces comprendió que sus alas tampoco estaban. Su alma se agitó de dolor por un instante. Las esperanzas rotas, los intentos frustrados, su orgullo herido, se agolparon por un momento y su naturaleza reaccionó como tantas veces antes, una ira deseosa de aniquilamiento surgió como una chispa, y al mismo tiempo se detuvo. Nada era como antes.

Cuando recuperó la calma ya había partido. Se encontraba en la cima de la más alta montaña, no corría el menor viento, no se escuchaba el menor ruido, y a lo lejos únicamente otras cimas de montañas se dejaban ver. Observó detrás suyo, cincelado en la roca, esperando por ella, como un sillón para dos. Entonces, recordó al viento susurrándole dulces historias al oído, y una suave brisa agitó sus cabellos. Observó el inerte gris de las montañas, se estremeció de pavor, y pequeños copos de nieve comenzaron a caer. Sintió que sus fuerzas se extinguían, se dirigió a su destino, tomó asiento. Por un momento aún miró hacia el lugar vacío y luego se quedó contemplando fijamente, el infinito de su soledad.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Sobre antipatías y amor.

En ocasiones, sin mayor lógica, simplemente surge en mí la antipatía. El objetivo de este sentimiento es diverso y las razones, solo en parte, desconocidas.

Recuerdo como primer objetivo a Shakira en sus inicios, pues una vez convertida a rubia, en el mercado americano y comprometida con De La Rua, los motivos originales se desvanecieron y actualmente me agrada bastante su música. Otro es el caso de Ricardo Arjona, no me agrada, me resulta insufrible como personaje aunque no puedo negar que me he dejado llevar por la armonía de algunas de sus canciones. Luego está Paulo Coelho, es diferente, no me llama la atención. Sé que es un creador de best-sellers y muchas personas han sido influenciadas por su obra. Yo, lo evito. Cuando intenté leer algunas líneas suyas me resultó aburrido, en realidad me pareció familiar. Lo que él escribe me parece haberlo leído miles de veces antes en otras fuentes. Por lo mismo, concluí que resulta bueno que lo lea tanta gente pues ¿de qué otro modo llegaría a ellos tanta información que es seguro, no andan buscando?

Es bastante difícil abstraerme de mis prejuicios, ya que a menudo son solo un sentimiento y no le encuentro sentido. Lo peor ha sido el caso Deepak Chopra. ¿Es un líder espiritual? Debe serlo, e imagino que algunas de sus enseñanzas podrían tener mucho de razón. Pero de todos los anteriores es el que más me inspira aversión, como si entre sus profundos ojos delineados llevara marcado el sello del Dólar. ¿Debería hacer un esfuerzo y leer más sobre su obra? No he podido y no tengo intenciones de hacerlo en el corto plazo. Es más difícil que el caso Coelho, del cual al menos conozco que escribe tiernas historias y algunos fragmentos suyos me resultan simpáticos y acertados.

Siguiendo esa costumbre he evitado leer a Osho. No lo he evitado realmente porque no sabía nada de él, pero pudiendo elegir uno de sus libros he preferido cualquier otro. Recién hoy supe que es una persona, al investigar su nombre escrito al final de un texto que me resultó esclarecedor. Ese texto es el que comparto hoy, en parte porque no quiero perderlo y por si se me antoja volverlo a leer.


Es complicado amar a la gente real, porque una persona real no va a cumplir tus expectativas. No es su deber.
Nadie está aquí para cumplir las expectativas de otra persona, tiene que vivir su propia vida. Y cuando hace algo que va contra ti o no se ajusta a tus sentimientos, a tus emociones, a tu ser, se complica.

Es muy fácil pensar en el amor, pero es muy difícil amar.
Es muy fácil amar a todo el mundo. La verdadera dificultad es amar a un solo ser humano.
Es muy fácil amar a Dios o a la humanidad. El verdadero problema surge cuando conoces a una persona concreta, chocas con ella.
Chocar con ella es ir a través de un gran cambio, y es un gran desafío.

No va a ser tu esclavo y tú tampoco vas a ser su esclavo. Ahí es donde surge el verdadero problema. Si tú vas a ser esclavo o el otro va a ser esclavo, entonces no pasa nada. El problema surge porque nadie quiere hacer de esclavo, y nadie puede ser un esclavo.
Todo el mundo tiene libre albedrío... el ser consiste en libertad. El hombre es libertad.

Recuerda, es un problema real, no tiene nada que ver contigo personalmente. Este problema tiene que ver con el fenómeno del amor. No lo conviertas en un problema personal, si no, te meterás en un lío. Todo el mundo tiene que hacer frente, más o menos, al mismo problema. Nunca me he encontrado con nadie que no tenga dificultades en el amor. Tiene algo que ver con el amor, con el mundo del amor.

La misma relación te lleva a situaciones en las que surgen problemas... y es bueno pasar a través de ellas.
En Oriente, al ver las dificultades que entrañaba, las personas se han escapado. Empezaron a negar su amor, a rechazarlo.
Se convirtieron en personas sin amor pero lo llamaban falta de apego. Poco a poco, se quedaron mortecinos.
El amor casi desapareció de Oriente y sólo quedó la meditación.

Meditación significa que te sientes bien en tu soledad. Meditación significa que sólo estás emparentado contigo mismo.
El círculo está completo contigo; no necesitas salirte de él. Por supuesto, el noventa y nueve por ciento de tus problemas se resuelven, pero a un precio muy elevado. Ahora tendrás menos preocupaciones. El hombre oriental tiene menos preocupaciones, menos tensiones... vive casi en su propia cueva interna, protegido, con los ojos tapados. No permite que se mueva la energía. Hace cortocircuito... basta un pequeño movimiento de energía dentro de su ser para que se sienta feliz. Pero esta felicidad está un poco muerta. Su felicidad no es júbilo, no es alegría.

Como mucho, puedes decir que no es infelicidad. Como mucho puedes decir algo negativo, como decir que estás sano porque no estás enfermo.
Pero eso no es tener mucha salud. La salud debería ser algo positivo, tener brillo propio, y no sólo ser una ausencia de enfermedad. En ese sentido, incluso un cuerpo muerto está sano, porque no tiene enfermedades.

En Oriente hemos intentado vivir sin amor, renunciar al mundo que significa renunciar al amor , renunciar a la mujer, renunciar al hombre, a todas las oportunidades en las que puede florecer una flor. Los monjes jainistas, los monjes hinduistas, los monjes budistas, no pueden hablar con una mujer si están solos; no pueden tocar a una mujer, ni siquiera pueden verse cara a cara. Cuando una mujer les viene a pedir algo, tienen que bajar la mirada. Tienen que mirarse la punta de la nariz para no ver a la mujer ni por equivocación. Porque, quién sabe, quizá se despierte algo... y en las manos del amor, uno es casi impotente.

No se quedan en casa de la gente, y no se quedan mucho tiempo en el mismo lugar porque es posible que surja el apego, el amor. De modo que se van moviendo, vagando y evitando todo tipo de relaciones. Han alcanzado una cierta cualidad de quietud. Son personas que no se alteran, no les atrae el mundo, pero no son felices, no celebran.

En Occidente ha pasado exactamente lo contrario. La gente ha intentado encontrar la felicidad por medio del amor, y esto ha sido la causa de muchos problemas. Han perdido el contacto consigo mismos. Se han alejado tanto de sí mismos que no saben cómo volver. No saben dónde está el camino, dónde está su casa. Se sienten insignificantes, desamparados, y siguen haciendo esfuerzos de amor con aquella mujer, con aquel hombre: heterosexual, homosexual, autosexual. Lo intentan de todas las maneras pero se sienten vacíos, porque sólo el amor te puede hacer feliz, pero no hay silencio en él. Y cuando hay felicidad no hay silencio; sigue faltando algo.

Cuando eres feliz sin silencio, tu felicidad será como una fiebre, una excitación... mucho ruido y pocas nueces. Ese estado febril creará mucha tensión dentro de ti y no conseguirás nada, sólo correr, perseguir. Y un día te das cuenta de que todo ese esfuerzo no tiene sentido porque estás intentando encontrar al otro, pero todavía no te has encontrado a ti mismo.

Los dos caminos han fracasado. Oriente ha fallado porque intentó la meditación sin amor. Occidente ha fallado porque intentó el amor sin meditación. Mi labor consiste en darte una síntesis, un conjunto, que significa amor más meditación. Uno debería ser capaz de ser feliz solo, y también debería ser capaz de ser feliz con alguien. Uno debería ser feliz dentro de sí mismo, y también debería ser feliz en las relaciones. Uno debería tener una casa bonita por dentro y por fuera. Deberías tener un hermoso jardín rodeando tu casa, y también un bello dormitorio. El jardín no se opone al dormitorio; el dormitorio no se opone al jardín.

La meditación debería ser un refugio interno, un altar interno. Siempre que sientas que el mundo es demasiado para ti, puedes ir a tu altar interno. Puedes darte un baño en tu ser interno. Puedes rejuvenecer. Puedes salir resucitado: de nuevo vivo, joven, renovado... para vivir, para ser. Pero también deberías ser capaz de amar a la gente y hacer frente a los problemas, porque un silencio impotente que no puede hacer frente a los problemas no es un gran silencio, no vale mucho.

Sólo debes anhelar y desear un silencio que pueda hacer frente a los problemas pero siguiendo en silencio.
Me gustaría decirte estas dos cosas: primero empieza a meditar... porque siempre es bueno empezar desde el centro más cercano de tu ser, y es la meditación. Pero no te quedes atascado ahí. La meditación debería transformarse florecer, abrirse y convertirse en amor.

No te preocupes, no lo conviertas en un problema, no lo es. Simplemente es humano, es natural. Todo el mundo tiene miedo, tiene que ser así. Pero la vida funciona de manera que tienes que tener miedo. Las personas que pierden el miedo, no lo pierden porque se vuelvan valientes, ya que una persona valiente sólo está reprimiendo su miedo; en realidad, no es que no tenga miedo. Una persona pierde el miedo cuando acepta sus miedos. No es una cuestión de valentía. Simplemente es analizar los hechos de la vida y darse cuenta de que es natural tener miedo. ¡Uno acepta los miedos!

El problema surge cuando quieres rechazarlos. Te han enseñado unos ideales ególatras: «Sé valiente. » ¡Qué tontería! ¡Bobadas! ¿Cómo puede un hombre inteligente evitar tener miedo? Si eres estúpido no tendrás miedo. El conductor del autobús toca la bocina mientras tú estás en medio de la calle, sin pasar miedo. O te va a embestir un toro y tú estás ahí de pie, sin pasar miedo. Pero ¡eres estúpido! Un hombre inteligente tiene que apartarse del camino.

Si te conviertes en un adicto y empiezas a buscar serpientes en un matorral, entonces tienes un problema. Si no hay nadie en la carretera pero tienes miedo y sales corriendo, entonces tienes un problema; si no, el miedo es algo natural.

Cuando digo que pierdas el miedo, no me refiero a que no habrá temores en la vida. Llegarás a darte cuenta de que el noventa por ciento de los miedos son pura imaginación. El diez por ciento son reales, y tienes que aceptarlos. No convierto a la gente en valientes. Los vuelvo más receptivos, sensibles, atentos, y su atención es suficiente. Se dan cuenta de que sus miedos también pueden servir de peldaños. No te preocupes, ¿de acuerdo?

- Osho -


lunes, 11 de octubre de 2010

Historia de un Caminador


¡Otra vez don Ricardito hizo de las suyas! Así comentaba la casera del mercado a cada clienta que llegaba. No hacía mucho que la esposa de don Ricardo la había puesto al tanto de las últimas noticias sin importarle lo mal que hacía quedar a su esposo, y ciertamente lo mal que ella misma quedaba, aunque se podría suponer que lo primero era lo que deseaba y lo segundo no le importaba siempre que ella quedara como la víctima.

Ebrio recurrente y hablador sin igual, don Ricardo había colmado al extremo la paciencia de su familia, y esta vez los golpes no se habían hecho esperar. Nuevamente surgieron planes de internarlo por la fuerza en un centro para alcohólicos. No era posible, comentaban, que hubiera golpeado a su nieto. Nada justificaba que en un arranque de ira, borracho, lo hiciera a un lado con brusquedad. La madre había reaccionado violentamente y como no había sido la única testigo, entre todos le dieron duro.

El joven Ricardo jamás imaginó llegar a viejo. Sus planes para el futuro eran sueños fabulosos de una vida fabulosa que, por derecho, el mundo le otorgaría. Pero a la abundancia de la juventud le había sucedido la carencia y el infortunio. El hombre que se había acostumbrado a rodearse de empresarios sintiéndose uno de ellos, sin serlo; que acostumbraba enseñar la billetera repleta de dólares, aunque no fueran todos suyos; que hacía de todos un amigo para servirse de ellos; que presumía de la belleza de sus hijos comparándolos con los de otros; despertó un buen día y se vio a sí mismo como un viejo, sin casa, sin empleo, sin mujer que lo amara, sin hijos que lo respetaran, sin amigos.


Don Ricardo pasó por el mercado un par de semanas después. Como era su costumbre cuando estaba “sano” y tenía algo de dinero, hacía las compras para el almuerzo dominguero que él mismo prepararía. Saludó a la casera y comentó algunas noticias que la distrajeran, le hizo una broma y ambos rieron. Mas allá otro casero le preguntó porqué no lo habían visto en días. La respuesta, mitad verdad mitad no tanto, fue que un amigo lo había llamado para un trabajo que le tomó varios días resolver. Su amigo era un importante empresario, conocido de fulano, importador/exportador, dueño de esto y de lo otro, se conocían de años.


Cuando joven, don Ricardo era un gran contador de historias; siempre captaba la atención con sus anécdotas, las que a menudo salpicaba con ironía o sarcasmo. Siendo además un gran “caminador”, conocía de muchas cosas. Sabía dónde y cómo conseguir lo que cualquiera de sus amistades pudiera necesitar, así que ¡vaya que sí lo buscaban! En cuanto a dinero, aunque pecaba de presumido, nadie que lo hubiese conocido podía negar su pródiga generosidad. Cuando estaba de buen humor podía dar espléndidas propinas a sus menores y, siempre que se le antojaba, engreír a los más pequeños.


Don Ricardo no quiere pensar en el pasado y menos en el futuro. Cuando frecuenta a sus amigos de cantina obtiene de ellos la atención y el respeto que le niega su hogar. Es un hombre que entre aquellas gentes sobresale porque ha vivido mucho, sabe de todo y aún es buen conversador, aunque en lugar de fino sarcasmo ahora su plática se encuentre teñida de ácidas críticas y malintencionados comentarios.



La vida no resultó como él imaginó que sería, cuentan que nunca pensó llegar a viejo. Don Ricardo nunca se preocupó del futuro y, a estas alturas de la vida, no se le ha ocurrido comenzar a hacerlo.

martes, 2 de febrero de 2010

Conversación en un taxi sobre lo ocurrido en Cusco

El viernes último, mi familia y yo aún estábamos consternados e indignados por los sucesos ocurridos durante la semana en Cusco debido a las lluvias. Aunque ante la proximidad de la fiesta de la Candelaria, nuestra preocupación se iba enfocando en la posibilidad de lluvias en Puno, destino al cual la menor de mis hermanas asistirá por tercer año consecutivo para danzar su tan apreciado Caporales.


Es así que esa mañana antes de salir a trabajar, mi otra hermana señaló con preocupación que en las noticias ya mencionaban las lluvias azotando el departamento altiplánico. Por mi parte, consideré el asunto y no me quedó más que desear que no hubiera mayor problema, pues resultaría muy difícil evitar el viaje de la menor.


Casi una hora después, estaba yo en el paradero deseando que un taxi colectivo apareciera antes de que fuera demasiado tarde. El tiempo pasaba y no solo ningún colectivo aparecía sino que tampoco estaban ninguna de las otras chicas con las cuales me uno para compartir taxi en ocasiones similares. Un señor, que al parecer también tenía prisa, me preguntó hasta donde iba y a continuación propuso compartir uno. Dadas las circunstancias acepté de inmediato, aunque el costo entre los dos sería mayor que entre los usuales cuatro. Cuando por fin un taxi accedió a llevarnos después de regatear un poco, el señor en cuestión, amablemente me indicó que solo debería pagar el costo acostumbrado de un taxi colectivo.


Fue apenas nos acomodamos en el auto que me di cuenta de la buena disposición del señor para la charla, pues estando él sentado adelante y yo detrás, se acomodó en su asiento como para continuar el intercambio de palabras por algo más que unos minutos.


Así supe que era operador turístico, había llegado esa misma mañana del Cusco y la conversación inició con el asunto del problema en Aguas Calientes o Machu Picchu Pueblo. Mostraba al mismo tiempo su enojo y rechazo al decir que no contamos con helicopteros y que de no ser por los países que apoyaron no se habría logrado nada en cuanto a rescate. Además, agregó que era cierto, los primeros rescatados fueron "gringos" y europeos mientras que las dificultades fueron mayores para evacuar a los grupos de turistas latinoamericanos, entre ellos algunos de su equipo.


A continuación me habló de la existencia de una alternativa al acceso a las ruinas. Estaba convencido que un servicio de turismo guiado en buses, acondicionados con todas las comodidades, podría recorrer la ruta desde la ciudad del Cusco en lugar del tren. Se lamentaba que no se pueda contar con una carretera de esas condiciones.


Entonces mencionó algo que no había escuchado antes e ignoro cuánto habrá de verdad. Según este señor Keiko Fujimori es accionista de PeruRail y hace años, durante el gobierno de su padre, hubo la posibilidad de construir una carretera en esa ruta, por una zona que no está al borde de los cerros y sin peligro de derrumbes (mencionó un nombre que comenzaba con Huay.... o algo similar, pero no soy buena reteniendo detalles).


En aquél tiempo, según dijo, no solo fueron los de PeruRail los que evitaron la construcción de la vía alternativa, al parecer con el beneplácito del gobierno de turno, sino también los hoteles del lugar. Estos últimos porque procuran mantener el mayor tiempo posible a los turistas en la zona de Aguas Calientes y Machu Picchu, pues si hubiese una ruta alternativa los turistas podrían llegar y retirarse sin pasar la noche en el lugar.

Además agregó, sería conveniente para el turismo establecer horarios de entrada para grupos que no sobrepasen el máximo permitido de turistas en el lugar. Me explicó que no está permitido tener mas de cierta cantidad de turistas al mismo tiempo en el complejo arqueológico (me parece que eran dos mil), por lo cual solo ingresa esa cantidad como máximo cada día. Sin embargo si establecieran horarios, entraría un grupo por esa cantidad como máximo y luego saldría para que ingresara el siguiente, y así hasta tres o cuatro grupos por día. Los cuales, por supuesto, llegarían en un trayecto de ida y vuelta, en los buses que propuso antes, permaneciendo solo un par de horas visitando las ruinas.


Como no hay malo que por bien no venga, según reza un antiguo dicho, los beneficiados indirectos con el desastre en Cusco fueron los arequipeños. Como este señor viaja todo el tiempo, también había estado en la blanca ciudad. Llegando del aeropuerto se había dirigido a uno de los hoteles con los que acostumbra trabajar, tan solo para pedir una habitación que le permitiera asearse. Le dijeron: 'No se puede hermanito, estamos llenos'. Haciendo sus averiguaciones descubrió que Arequipa estaba ocupado en lo que el consideraba un 99% de su capacidad.


Esto se explica pues Arequipa está en camino a Cusco. Debido a que el circuito turístico en la ciudadela inca fue cerrado, aquellos que se encontraban en Arequipa al momento del desastre optaban por permanecer ahí. Mientras, aquellos que estaban recién llegando al país y ya no tienen la oportunidad de visitar Machu Picchu, también estaban siendo derivados solo hasta Arequipa. El mismo señor del taxi estaba en Lima en espera de un grupo que venía de Europa con los cuales tenía la ruta Ica-Arequipa-Cusco. Sin embargo, iban a extender la permanencia en Ica y Arequipa pues preferían evitar llevar sus turistas hasta el ombligo del mundo.


Hasta ese momento yo moría de impaciencia por preguntar si sabía algo de la situación en Puno. Apenas mencioné la Candelaria y Puno, el señor se deshizo en halagos, diciendo que 'Puno está lindo', a 5º de temperatura pero las calles llenas de danzantes practicando para la gran fiesta. Él por supuesto, había llegado directo a su hotel, pero dijo que no había problema de lluvias en el aeropuerto de Juliaca. Agregó que este año habría una sorpresa durante las fiestas pues habían decidido usar la música autóctona de Puno. Habló un poco más sobre Evo Morales y la controversia por el traje de la Diablada, diciendo que a Evo se le disculpa su ignorancia pues no tiene mayor instrucción. Habiendo sido únicamente dirigente cocalero, con las implicancias del caso, no hay razón para discutir sobre el origen de algo que pertenece a la región, más que a un solo país como es Bolivia o Perú. También mencionó la fiereza de las gentes del altiplano, descendientes de una casta de antiguos guerreros. Del modo en que le entendí, en la zona la amabilidad no es solo "buenas costumbres" sino método de sobrevivencia.


Mi última duda fue sobre la situación del aeropuerto en Cusco, pues los vuelos a Puno usualmente hacen escala ahí, pero dijo que en la ciudad el clima estaba normal y no había ningún problema.


Así transcurrió amenamente el recorrido esa mañana, hasta que finalmente llegué a mi destino mientras el señor del taxi continuó el suyo.

domingo, 26 de julio de 2009

Penitencia en Fiestas Patrias

Algunas semanas atrás me di cuenta que en gran medida mi vida gira alrededor de la comida, la mayoría de las veces de manera positiva pero algunas son motivo de preocupación.

Ahora mismo me encuentro no de muy buen ánimo pues los últimos excesos me hicieron recaer de tal manera que ni el clima inclemente de estas épocas había conseguido con algún resfriado digno de ser comentado.

Recuerdo la época de la universidad cuando instituí, como tantas otras cosas mitad juego mitad método de sobrevivencia, la "semana de la perdición" seguida de la "semana del arrepentimiento". Llevaba ya demasiado tiempo abusando del consumo de los chocolates y otros antojos, que decidí debía hacer algo al respecto para no padecer luego las consecuencias. Así una semana me permitía hacer lo de siempre pero a la siguiente me recordaba constantemente que era hora de abstenerme. La semana del arrepentimiento me resultaba difícil, acostumbrada a seguir mis impulsos, debía poner atención a mis propios consejos y no consumir o consumir menos lo que yo misma decidía.

Hace un par de años mis antojos se salieron de control. Tiempo después he concluido que no solo la comida fue la causante de mis males sino algunos sucesos estresantes que atravesaron mis barreras emotivas. Cualquiera haya sido la raíz del problema fueron uno o dos años realmente difíciles pues debí restringir exageradamente mis comidas para evitar resultar intoxicada y sufrir luego los malestares que continuaban por mas de una semana.

Enfrentando esa dolencia y al tiempo que aprendí a canalizar y evitar los problemas que me acosaban, de repente estaba curada y podía nuevamente comer sin tantos remilgos. Por un tiempo aún guardé ciertas reservas con las comidas que peor me enfermaron en aquella época, pero poco a poco fui disfrutando de casi todo lo que nuestra deliciosa comida nos ofrece.

El viernes último cuando fui al cine supe que no debía probar el pop-corn, aunque igual lo hice. El sábado fue un sandwich de jamón en la mañana, doble plato de arroz chaufa en la tarde y un pequeño indicio de mis anteriores males en la noche. El domingo, celebrando una visita, fue pollo a la brasa disfrutado con abundantes cremas. El resultado final, un terrible malestar que espero consiga frenarme estos días pues de no ser así, temo que volveré a los males de hace un par de años.

La pregunta ahora es inevitable: ¿ha ocurrido algo que me haya estresado de tal manera que mis defensas han perdido la batalla? Resulta contradictorio pues las últimas semanas estuve disfrutando mucho de mi familia y del reencuentro con viejas amistades. Estuve sintiéndome dichosa y agradecida por sentir la felicidad rondando mi vida y mi hogar tan a menudo.

¿Puede un solo recuerdo echar por tierra todo eso? Quiero ser optimista, no puedo evitarlo según parece, voy a dejar el tiempo pasar como hasta ahora y quién sabe si algún día ese círculo sea finalmente cerrado.

Mientras tanto y por si acaso, ingreso a la semana del arrepentimiento después de dos semanas deliciosamente dedicadas a la perdición.

miércoles, 3 de junio de 2009

Así fue como me vi envuelta en el viaje más lejano que de otro modo jamás hubiese querido realizar

Fue durante el 2008 mientras mis padres no decidían si viajar o no a Cusco, en uno de sus acostumbrados viajes anuales, cuando, al decidir finalmente conocer Tingo María, fue que se abrió el camino hacia lo que resultó en un viaje por tierras gauchas y cariocas.

Como es sabido, no tengo afición por viajar, pero fue tanto el comentario sobre ir o no a Cusco, que me entró un bichito por conocer y, cómo no, obtener fotos para publicar. Es así como quedó acordado que este año, en fecha que incluyera mi cumpleaños, viajaríamos a la tierra que vio nacer a mi padre... bueno, no tan lejos, solo a los lugares turísticos, pues ir hasta Chonta era un viaje que estaba menos dispuesta a afrontar.

Avanzaron los meses y en algún momento de finales del 2008, Marina decidió que deseaba conocer Italia, es decir Roma, seamos sinceros: El Vaticano. A mi no me pareció mala idea. Aún pienso que si las profecías se cumplen Roma será destruida, luego era buena idea viajar hacia allá antes de que eso suceda (sonrisas). Inmediatamente comencé a googlear todo lo referente al viaje, y pensé, siguiendo el itinerario del viaje anterior de mi hermana por Europa, que sería mejor idea conocer varios países de una vez. Después de todo, ya comenzaba a comprender la magnitud de viajar muchas horas de vuelo para llegar al viejo continente.

Averiguando en la página web de la agencia de viajes que suele contratar mi familia, encontré precisamente un par de paquetes que se acomodaban a mi idea de un recorrido múltiple. Les comuniqué a mis padres la información con la que contaba y por el momento lo dejamos en stand by pues aún faltaban meses para el viaje, previsto para mayo... o junio.

Cuanto más se acortaba el tiempo necesario para hacer las reservas, más difícil me resultaba aceptar que debería recorrer cuatro países en menos de 20 días, incluyendo los vuelos y las visitas en cada ciudad hechas a toda máquina, pues el tiempo no podía dar para más. Llegué a la conclusión que sería más de lo que cualquiera de nosotros podría aprovechar sin caer fulminados por el agotamiento. Por fortuna, Darío fue de la misma opinión y aunque quizás hubiésemos podido ir tan solo a Italia, la idea de un viaje tan largo para llegar a nuestro destino ya no resultaba tan prometedor como al comienzo.

Entonces pensamos rápidamente y decidimos que Brasil era una buena opción. Marina no iría jamás a Chile pues no lo considera atractivo, no iría a Colombia pues le resulta igual a playas y el Sol no es amigo de sus dolencias. Luego Brasil, en época de invierno era bastante aceptable. No estando muy convencida averiguamos la ruta y aún resultaban ser demasiadas horas de vuelo con escala en Chile o Buenos Aires, según los paquetes ofrecidos por nuestra agencia de viajes.

Sin mostrar todavía mayor conformidad con respecto al destino... y las horas de vuelo, encontramos que permanecer unos días en Buenos Aires y luego viajar a Río de Janeiro resultaba ser la mejor opción tanto en tiempo perdido en el avión como en costos.

Fue así que acordamos tomar el tour Buenos Aires - Río de Janeiro en fecha cercana a mi cumpleaños y nos preparamos para conocer los países hermanos de Argentina y Brasil.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Dimension desconocida?

¿Quién no ha oído hablar de fantasmas y apariciones? ¿Cuántas veces nos hemos sorprendido ante eventos inexplicables que relatan asombrados testigos?. Hoy en día, aquellas historias pueden tener, sino una explicación concluyente sobre su origen, por lo menos sí, alguna teoría científica respaldando lo que podría estar ocurriendo.

Al mismo tiempo que la ciencia ficción ha venido trasladándose al mundo real, algunos misterios que anteriormente eran considerados portentos sobrenaturales resultan ahora razonablemente explicables. De igual modo ocurre con fenómenos que no siempre tienen que ver con almas en pena: visiones fantasmagóricas, personas desaparecidas sin dejar rastro, encuentros con seres fantásticos, viajes o saltos en el tiempo; resultan lógicos cuando nos acercamos a las posibilidades que ofrece la Física Cuántica.

Quizás mis primeros acercamientos a este mundo fascinante fue leyendo un artículo sobre el triángulo de las Bermudas y viendo un especial en televisión algun tiempo después. ¿Por qué las personas que habían sufrido un disturbio al cruzar su avión sobre esa zona tenían sus relojes atrasados? ¿Dónde estuvieron ese tiempo? ¿Por qué los pilotos de avión transmitían mensajes por radio indicando su ubicación sobre un área donde no eran vistos y finalmente desaparecían?

Años más tarde llegó otra miniserie, de la cual no recuerdo su nombre. Al cruzar el mismo triángulo de las Bermudas, los pasajeros de un avión se ven atrapados en un espacio-tiempo desconocido. El espacio casi vacío en el que se encuentran va haciéndose cada vez más real, a la vez que son constantemente perseguidos por unas sombras que parecen devorarlo todo a su paso detrás de ellos. Se concluye que el avión quedó atrapado en el tiempo, en el pasado, pero el pasado es devorado por aquellas criaturas, destruyéndolo, quedando finalmente solo el presente.

Teoría, esta última, que no me agradó para nada, y decidí que el pasado si existe y está ahí para quien pueda visitarlo, o vislumbrarlo por lo menos. Así disfruto más comódamente películas como Regreso al Futuro, o El Efecto Mariposa, por nombrar algunas.

Por fortuna, no necesito probar, cual matemático, el porqué de ciertas cosas. Puedo aceptar bajo cierto nivel de confianza que algo "es como es porque puede ser así". De ese modo acepté la teoría de las dimensiones: hay cosas que estan aquí, al mismo tiempo y en el mismo lugar que nosotros, pero no podemos notarlas porque están en otro nivel de energía, vibración o dimensión. Inclusive puedo aceptar de ese modo el ¿dogma? o dicho religioso que escuché en mi infancia: "miles de ángeles caben en la punta de un alfiler". Si claro, el alfiler en nuestro mundo, y ellos en el suyo.

Ni siquiera contradice lo que también me enseñaron en la escuela: "todo ocupa un lugar en el espacio, y dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio al mismo tiempo". Digánselo a todos los guionistas de series y películas de terror o ciencia ficción donde los protagonistas cruzan el mismo pasillo al mismo tiempo pero no se encuentran.

No fue hasta hace poco que encontré, bellamente graficado, el concepto de las dimensiones. Quizás para mi que, repito, ya acepté como un hecho indiscutible que hay cosas que están aquí pero que no podemos ver por nuestras propias limitaciones de percepción, me resultó fascinante encontrar el siguiente video.

http://www.youtube.com/watch?v=7y3R1cKSEM8